"EL VIAJERO QUE REGRESA NUNCA ES LA MISMA PERSONA QUE ERA ANTES DE IRSE"
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15/02/2023

Visita a la Cascada Batida o del Molino Viejo


Si queréis aprovechar al máximo vuestra escapada por la zona de Albarracín, Calomarde, etc...no podéis dejar de acercaros a la Cascada Batida o del Molino Viejo, a pocos kilómetros de esta última población.


También se la conoce como la Cascada Secreta y la verdad es que no nos extraña ya que desde la carretera es realmente difícil de ver si no sabes de su presencia o la andas buscando como era nuestro caso.


A pie de la calzada hay un pequeño claro donde podremos aparcar con relativa facilidad y desde allí sí que ya podemos apreciar al menos la barandilla de madera que nos invita a descender en busca de nuestro objetivo.
Realmente es una apertura en la roca casi lo justo para dar paso al salto de agua y las pequeñas pozas que se van formando a posteriori. De ahí que desde arriba sea prácticamente invisible a simple vista.


Os dejamos también un pequeño vídeo donde podréis apreciar mejor que en fotos la belleza de este escondido lugar. ¡Hasta pronto!

20/09/2020

Los "gorgs" de la Febró

Esta vez nos adentramos en una curiosa depresión en plenas montañas de Prades (Tarragona) para llegar a la zona de las Gorgs (pozas) de la Febró, un pueblo de unos 40 hab.censados, el tercero menos habitado de Catalunya y bañado por el río que da nombre a nuestra ruta, afluente del Siurana.
Hay varios pueblos abandonados en la zona como la Mussara o Gallicant, a diferencia de la fertil Febró.
La caminata ida y vuelta no llega a los 6 kms.desde la explanada donde podemos aparcar hasta la parte más baja de las pozas. Muy resumido pero básicamente debemos tener presente que a la ida es todo bajada y obviamente a la inversa.
En verano también podemos llevarnos bañador y escarpines para darnos un baño pero mejor que lleguéis pronto porque si os descuidáis os lo encontraréis lleno de gente.


Viniendo por la carretera T-704, a mano derecha desde la parte de Prades, tendremos que estar alerta para no pasarnos la bajada hacia el aparcamiento y además, tener MUCHO cuidado cuando se entra ya que hay bastante altura y varios socavones. Nosotros, con un coche alto, le fue de muy poco de rozar los bajos. ¡¡Avisado queda!! Y emprendemos la bajada con ganas siguiendo las marcas blancas y rojas del sendero GR-7 dirección Arbolí. Encontraremos dos desvíos, cogiendo siempre el de la izquierda.


Un kilómetro después llegamos a la parte en que podemos cruzar el río, con realmente muy poca agua en esa zona, pero formando un curioso escalonado en su cauce. Pasamos al otro lado saltando de piedra en piedra y cogemos el sendero que se adentra en una zona de bosque cerrado que nos llevará hasta las pozas. Por el camino y la época que es, encontramos ya curiosos ejemplares de setas.

Y pocos minutos más tarde, siempre en bajada, llegamos a la mayor poza de todas, el Gorg, aunque realmente hay varias pequeñas pozas en esta misma zona pero supusimos que todas formaban parte de un mismo conjunto.

Aquí es donde se queda la mayoría de la gente porque muchos desconocen que, justo al lado del Gorg, aunque hay que reconocer que un poco escondido, se encuentra el Gorguet, una poza mucho más pequeña que la primera pero para nosotros más bonita y que además es la que da continuidad al sendero para llegar a la parte más baja.

Cuando crucemos al otro lado veremos dos postes señalizadores y un estrecho camino que parece perderse entre la vegetación y la maleza. Os dejamos un par de pistas para saber que vais bien: una enorme roca cubierta de musgo (se ve perfectamente) y otra plana en su parte superior que os la encontraréis en mitad del camino. Os recordamos dosificar las fuerzas ya que después será todo subida. Y llevad el agua de casa ya que no hay fuentes y el agua del río no es potable.

Y así llegamos a las últimas pozas, que casi nos da reparo llamarlas así ya que el río llevaba tan poca agua que prácticamente no llegaba a formar ninguna. Pero ¡qué se le va a hacer! No es algo que podamos elegir. Ojalá lloviera más y los ríos estuviesen llenos de agua; sería bueno para todos pero por desgracia influimos en el clima pero no lo dominamos.

30/06/2019

De Broto a Oto pasando por la cascada del Sorrosal

¡¡ES-PEC-TA-CU-LAR!! Es el único adjetivo que se nos ocurre para algo tan precioso y al que, encima, se puede acceder caminando tranquilamente unos 5 minutos desde el pequeño pueblo de Broto, en la provincia de Huesca. Nada de largas caminatas ni de pequeñas escaladas montaña arriba: llegas, aparcas, caminas y te plantas paseando en el paraíso. Así de sencillo.


Como siempre no os explicaremos cómo llegar hasta Broto ya que eso dependerá bastante desde donde salga cada uno. Lo que sí os podemos decir es que tendremos que tomar la carretera dirección Bielsa-Francia y varios kilómetros después del conocido pueblo de Aínsa, llegaremos a destino.
Típica carretera de montaña, con un tramo bien revirado pero la mayor parte de ella con un firme excelente y unas vistas magníficas, especialmente cuando bordeamos el embalse de El Grado.
Llegados a Broto, cruzamos el pueblo y casi a la salida encontramos un fuerte giro a la izquierda que nos lleva a un pequeño descampado donde dejar el coche, junto a un restaurante. En una esquina del solar y paralelo al río veremos ya un cartel que nos indica el sendero hacia la cascada.


Es tan tan corto y sencillo que os recomendamos no tengáis prisa en recorrerlo. Parad a contemplar los rápidos que va formando el agua a su paso, los enormes bloques de roca en el cauce. Incluso podemos bajar a pie de agua en un par de puntos concretos sin ningún peligro.


Y en no más de 5 minutos distinguimos a lo lejos la cortina de agua que forma la Cascada del Sorrosal. Si a distancia ya parece increíble, cuando llegamos a una plataforma metálica dispuesta a modo de mirador, entonces la cosa ya pasa a fuera de serie. Y si cruzamos tres tablones metálicos dispuestos de modo que podemos saltar a la otra orilla y acercarnos hasta una gran roca justo enfrente del salto, eso ya es "otro nivel".


Las salpicaduras del agua llegan perfectamente hasta donde nos encontramos, dejándonos la cara completamente mojada. No importa, seguiríamos allí durante horas aunque terminásemos calados hasta los huesos, viendo caer el agua con toda su bravura.
Nos retiramos un poco y la contemplamos un buen rato más sentados en una roca, mientras veíamos como un grupo de escaladores descendía en rappel por la cascada, previa ascensión por una vía ferrata que empieza justo cruzar el río y por la que se tarda casi dos horas en llegar hasta la cima. Ahí tenéis un vídeo cortito para haceros una idea.


De regreso donde habíamos aparcado el coche, justo unos metros más arriba después de cruzar el puente encontramos un pequeño sendero a mano derecha que nos llevará al cercano núcleo de Oto. Se puede ir también por la carretera pero por lo corto del recorrido tiene más encanto y siempre te puedes encontrar algún "usuario" de los terrenos.
En unos 10 minutos entramos en la población que tiene el típico encanto de pequeño pueblo de montaña pero tampoco le pidáis mucho más.


Como por una vez en la vida nos sobraba algo de tiempo y además nos venía de paso a nuestro regreso, decidimos parar en la renombrada villa de Aínsa, justo después de Broto.
Vale la pena la visita especialmente por su casco antiguo y su castillo del S.XI, situado en un extremo de la hiper-fotografiada Plaza Mayor de dicha localidad, inconfundible por sus innumerables arcos a ambos lados de ésta.


La muralla del castillo, a nuestra derecha tal como entramos, tiene una altura considerable y es transitable en su parte superior aunque no conforma un paseo de ronda si no que una vez lleguemos a su extremo tenemos que retroceder por el mismo camino.
En una esquina del inmenso patio del castillo se puede visitar el Ecomuseo de la Fauna Pirenaica que allí se alberga.

04/04/2018

Cuentos de hadas en la roca Foradada


En muchas de nuestras escapadas nos habréis leído la típica frase de "hay lugares casi mágicos" o expresiones de ese estilo pero os podemos asegurar que si un lugar cumple casi a rajatabla con ello, este es la Cascada de la Foradada. Es un paraje de auténtico cuento, de aquellos en los que las princesas van a llorar a sus amados o justamente a encontrarse con ellos o.....¡¡estamos divagando!!


Bromas aparte, en el municipio de Cantonigros, cerca de Olot, tenemos esta verdadera maravilla de la naturaleza, llamada así porque justo al lado del salto de agua encontramos un enorme agujero natural en la propia roca; de ahí lo de la Foradada (agujereada), al cual además, podemos acceder vadeando fácilmente el riachuelo y bordeando el macizo en sí hasta poder llegar casi casi detrás de la cascada. 


Espectacular ver caer el agua delante de nuestros ojos, siempre con sumo cuidado de no resbalar ya que la roca allí está como es obvio totalmente mojada.


Nunca os decimos cómo llegar hasta las poblaciones que visitamos y somos conscientes de ello; los motivos son básicamente dos: cada cual accederá desde su zona y por tanto es absurdo guiar a alguien de tal punto a tal otro si resulta que viene justo en dirección contraria. Y por otra parte, prácticamente todos llevamos GPS en nuestros coches o usamos Google Maps en nuestros smartphones.
Lo que sí os daremos siempre serán una serie de indicaciones de cómo llegar hasta la zona en cuestión, atajos, etc... En este caso, tenemos que dirigirnos hacia Vic y de allí tomar dirección Olot. Un poco antes encontraremos el desvío a Tavèrnoles, el cual tomaremos y ya encontraremos indicadores de Cantonigros. ¡Ojo! cuando lleguéis a la entrada del pueblo tomad el primer desvío a mano derecha y una pequeña bajada nos dejará en un párking habilitado para los senderistas y visitantes de la zona.


Allí empieza nuestro recorrido, según el rótulo, de unos 500 metros en fuerte bajada pero para nosotros que hay bastantes más. Es bastante sencillo de realizar pero también bastante pesado ya que todo el suelo se encuentra cubierto de grandes losas de roca, con salientes aquí y allá, lo que unido a zonas con muchas raíces de árboles al descubierto y siempre en constante pendiente, se hace algo farragoso.


Cuando finalmente conseguimos llegar abajo, después del último tercio de sendero oyendo el bramido de la cascada de fondo, se abre ante nosotros la magia de la naturaleza, un rincón paradisíaco en el que el tiempo parece detenerse y nadie tiene prisa en irse.


Cruzamos a la otra orilla saltando con cuidado de piedra en piedra para apreciar la caída un poco más de cerca y antes de bordear la roca como habéis podido ver antes. Uno se llega a sentir casi abrumado y ni a hablar te atreves.


Ya de vuelta al otro lado y cuando iniciábamos la subida, nos dimos cuenta que justo cuando se abre el claro, en un lateral, hay una pequeña cueva con una fuente dentro (no sabemos si potable).
Como os decíamos al inicio, un lugar mágico en el que, una vez dentro, uno no quiere salir.