"EL VIAJERO QUE REGRESA NUNCA ES LA MISMA PERSONA QUE ERA ANTES DE IRSE"
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15/03/2025

¿Creéis en "algo"? Visitad la Ermita de Orante y después hablamos

Vaya por delante que por mi parte, soy totalmente escéptico en lo que concierne a fenómenos paranormales o cuanto menos "extraños" y que mi pareja es justo lo contrario, cree, por experiencia propia, en todo ese tema de fuerzas, presencias, etc...sin ser ni mucho menos una friki de estos temas ¡ojo!
El asunto se "complica" en cuanto compruebas por ti mismo que las verdades nunca son absolutas y que, ya sean fuerzas telúricas o simple sugestión, en la Ermita de Orante "pasan cosas".

Eso es lo que llevó al mismísimo Iker Jiménez a visitar el lugar en persona y dedicar un espacio en su programa a los sucesos que acaecían en la ermita, con entrevista al guardés de la misma, el octogenario Antonio Javierre, el cual después (y además) de ser alcalde de la pedanía de Orante (ahora lo es su hijo) explicaba lo que los visitantes experimentaban al entrar en el lugar. Dicho reportaje lo podéis ver en el siguiente enlace:WEB

Cuando llegamos al pequeño núcleo de Orante, aparcamos el coche un poco donde podemos y tomamos el camino en suave pendiente hasta la cima de una colina donde se ubica el antiguo edificio religioso. No esperéis nada ostentoso si no completamente lo contrario; una austera construcción de piedra de pequeñas dimensiones y poco más. Desde luego, allí sí se puede decir lo de "el tamaño no importa".

Una vez arriba nos recibe Antonio y nos sentamos a esperar nuestro turno para entrar al interior. Sí, él se encarga de los turnos de 5 minutos por persona. Es lo que hay porque si por uno fuera se pasaría media vida dentro. Mientras tanto podremos disfrutar de las magníficas vistas que se divisan desde la parte más alta.

En el camino para llegar a la ermita encontramos un murete de piedra en el cual los más creyentes han ido dejando imágenes, mensajes y todo lo que a uno le apetecía a modo de recuerdo, veneración o agradecimiento al Santo del lugar, San Benito.

Y nos preguntaréis ¿pero...qué? Porque mucha indicación pero ninguna historia digna de ser narrada. Pues ni lo vamos a hacer porque consideramos que cada uno vivirá la experiencia de forma distinta. Solo os podemos decir que vimos gente salir llorando, otros tan normales, un señor de La Rioja nos contó que era la segunda vez que venía porque la primera no aguantó ni dos minutos dentro, etc...
Yo solo os puedo decir que, habiendo ya comido y pasadas unas tres o cuatro horas tranquilamente, tuve que parar el coche en seco en medio de la carretera. ¿Casualidad? Que cada uno saque sus propias conclusiones.

30/06/2019

De Broto a Oto pasando por la cascada del Sorrosal

¡¡ES-PEC-TA-CU-LAR!! Es el único adjetivo que se nos ocurre para algo tan precioso y al que, encima, se puede acceder caminando tranquilamente unos 5 minutos desde el pequeño pueblo de Broto, en la provincia de Huesca. Nada de largas caminatas ni de pequeñas escaladas montaña arriba: llegas, aparcas, caminas y te plantas paseando en el paraíso. Así de sencillo.


Como siempre no os explicaremos cómo llegar hasta Broto ya que eso dependerá bastante desde donde salga cada uno. Lo que sí os podemos decir es que tendremos que tomar la carretera dirección Bielsa-Francia y varios kilómetros después del conocido pueblo de Aínsa, llegaremos a destino.
Típica carretera de montaña, con un tramo bien revirado pero la mayor parte de ella con un firme excelente y unas vistas magníficas, especialmente cuando bordeamos el embalse de El Grado.
Llegados a Broto, cruzamos el pueblo y casi a la salida encontramos un fuerte giro a la izquierda que nos lleva a un pequeño descampado donde dejar el coche, junto a un restaurante. En una esquina del solar y paralelo al río veremos ya un cartel que nos indica el sendero hacia la cascada.


Es tan tan corto y sencillo que os recomendamos no tengáis prisa en recorrerlo. Parad a contemplar los rápidos que va formando el agua a su paso, los enormes bloques de roca en el cauce. Incluso podemos bajar a pie de agua en un par de puntos concretos sin ningún peligro.


Y en no más de 5 minutos distinguimos a lo lejos la cortina de agua que forma la Cascada del Sorrosal. Si a distancia ya parece increíble, cuando llegamos a una plataforma metálica dispuesta a modo de mirador, entonces la cosa ya pasa a fuera de serie. Y si cruzamos tres tablones metálicos dispuestos de modo que podemos saltar a la otra orilla y acercarnos hasta una gran roca justo enfrente del salto, eso ya es "otro nivel".


Las salpicaduras del agua llegan perfectamente hasta donde nos encontramos, dejándonos la cara completamente mojada. No importa, seguiríamos allí durante horas aunque terminásemos calados hasta los huesos, viendo caer el agua con toda su bravura.
Nos retiramos un poco y la contemplamos un buen rato más sentados en una roca, mientras veíamos como un grupo de escaladores descendía en rappel por la cascada, previa ascensión por una vía ferrata que empieza justo cruzar el río y por la que se tarda casi dos horas en llegar hasta la cima. Ahí tenéis un vídeo cortito para haceros una idea.


De regreso donde habíamos aparcado el coche, justo unos metros más arriba después de cruzar el puente encontramos un pequeño sendero a mano derecha que nos llevará al cercano núcleo de Oto. Se puede ir también por la carretera pero por lo corto del recorrido tiene más encanto y siempre te puedes encontrar algún "usuario" de los terrenos.
En unos 10 minutos entramos en la población que tiene el típico encanto de pequeño pueblo de montaña pero tampoco le pidáis mucho más.


Como por una vez en la vida nos sobraba algo de tiempo y además nos venía de paso a nuestro regreso, decidimos parar en la renombrada villa de Aínsa, justo después de Broto.
Vale la pena la visita especialmente por su casco antiguo y su castillo del S.XI, situado en un extremo de la hiper-fotografiada Plaza Mayor de dicha localidad, inconfundible por sus innumerables arcos a ambos lados de ésta.


La muralla del castillo, a nuestra derecha tal como entramos, tiene una altura considerable y es transitable en su parte superior aunque no conforma un paseo de ronda si no que una vez lleguemos a su extremo tenemos que retroceder por el mismo camino.
En una esquina del inmenso patio del castillo se puede visitar el Ecomuseo de la Fauna Pirenaica que allí se alberga.

27/02/2019

Las recónditas gorgas de San Julián

De nuevo en ruta, esta vez nos encontramos en la provincia de Huesca, una de nuestras preferidas por la multitud de recónditos lugares que oculta para visitar y descubrir. Más concretamente llegamos hasta el pueblo de Nueno, desde el que se accede por la Autovía Mudéjar A-23, para realizar una ruta de semi-montaña hasta las llamadas Gorgas de San Julián y su ermita cercana del mismo nombre, un paraje singular escondido entre altísimos farallones de roca excavada durante miles de años por el paso del río.


El punto de partida, si uno va prevenido, no es complicado de encontrar pero si fuese a base de preguntar ya no lo vemos tan claro. Cuando dejamos la autovía no tenemos que entrar en Nueno si no seguir por un vial lateral hasta llegar al Club de Golf de Guara; cuando nos topemos de frente con la entrada a dicho recinto, tomaremos un camino semi-asfaltado que bordea el campo de golf hasta pasar toda la urbanización y tenemos que aparcar más o menos cuando veamos la piscina y las pistas de tenis.
Una vez ya preparados, tomamos el camino de la izquierda y a los pocos metros veremos un indicador de madera que reza "Ermita de San Julián-Las Gorgas". Vamos bien. Tenemos aprox.1 hora de camino por delante.
El primer tramo es bastante despejado y llano, ésto último en realidad como la mayor parte de la ruta excepto puntos muy concretos pero que se salvan perfectamente, incluso yendo con niños pequeños.


Lo que ya cambia al poco de nuestra salida es el entorno, que empieza a cerrarse y el sendero se convierte en un estrecho paso entre arbustos y zarzas de bajo-bosque que, os recomendamos desde aquí que, sea la época que sea, no se os ocurra ir en pantalón corto porque acabaréis con las piernas hechas una pena.


Pasada la media hora llegamos a un indicador que nos lleva a seguir hacia las gorgas o nos desvía unos 100 metros hasta la ermita. Os recomendamos seguir el camino inicial y desviaros a la vuelta; nosotros así lo hicimos y después de ver la impresionante formación rocosa, visitamos la ermita aprovechando para comer allí. Unas vistas fantásticas y un magnífico entorno, con multitud de rapaces sobrevolando nuestras cabezas nos acompañaron durante nuestra comida.


La entrada a las gorgas cualquiera diría que es una cueva pero si miramos hacia arriba atisbamos una pequeña separación entre las dos paredes de roca que la conforman. Se nos hace imposible imaginar los miles de años que han hecho falta para que se produzca un fenómeno semejante.
Justo al principio se encuentra situado un curioso Belén totalmente blanco sobre unas piedras también blancas, donde el día de Navidad se realiza una Misa.


Al fondo de la cavidad encontramos una segunda, separadas por un poco de agua fácilmente salvable y que es una pequeña poza creemos no muy profunda. Con el equipamiento adecuado se puede acceder sin problemas ya que se aprecia luz al final a través de una pequeña oquedad en la roca, la cual quisimos imaginar que daba principio al llamado Barranco de San Julián.


Una vez hechas las fotos de rigor sin prisa alguna, emprendimos de nuevo la marcha desandando el mismo camino hasta llegar al desvío citado anteriormente que nos llevará a la ermita. Son sólo 100 metros pero de bastante más pendiente que el tramo principal; aun así se llega arriba sin problemas.
Es una construcción rupestre enclavada en la propia roca que desde fuera no parece más pero la sorpresa se la lleva uno cuando entra. Varias estalactitas y estalagmitas se han formado en sus paredes dando al lugar un aspecto realmente inesperado.


Incluso podemos disponer de bancos metálicos que se guardan en el interior para comer tranquilamente o descansar fuera en el pequeño claro delante de la ermita. Imaginamos que el lugar pertenece al Ayto.de Nueno y dicho Consistorio cedió en su día dicho equipamiento.
En resumen, una ruta realmente sencilla con un resultado más que recomendable.