"EL VIAJERO QUE REGRESA NUNCA ES LA MISMA PERSONA QUE ERA ANTES DE IRSE"
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15/05/2023

Imprescindibles en Madrid


Somos plenamente conscientes que todo o casi todo lo que se puede contar sobre Madrid ya se ha contado y no seremos pioneros de nada, ni lo pretendemos. Simplemente recordar algunos de los puntos más emblemáticos de la capital de España y algunos de los menos conocidos o más curiosos a nuestro gusto:

Fuentes de Neptuno y Cibeles: quizás de los monumentos más conocidos de la ciudad y punto de reunión y celebración de "colchoneros" y "merengues" respectivamente si de fútbol hablamos.

Catedral de la Almudena: impresionante construcción de estilo neogótico, la cual se empezó a constuir en 1883 bajo la supervisión de Francisco de Cubas y Montes. En 1993 se dieron por finalizadas el grueso principal de las obras con la visita del Papa Juan Pablo II.
También podemos visitar el museo de la Catedral y la Cripta de la misma, a la cual se accede por el exterior, en un lateral.

                   

Palacio Real: considerado como la residencia oficial del Rey de España, aunque no viven en él, este palacio es uno de los más grandes del mundo, con una superficie del doble de Buckingham Palace o el Palacio de Versalles. En su interior alberga un patrimonio de incalculable valor en todas las facetas artísticas, desde pinturas, tapices, esculturas, armas, etc...



Museo del Prado: sobra cualquier comentario. Tanto si os gusta el arte como si no, es visita obligada. El simple hecho de encontrarse en la misma sala que obras como Las Meninas, el Caballero de la mano en el pecho, los Fusilamientos del 2 de Mayo y muchísimas otras ya vale la entrada. Hablando de entradas, a partir de las 18h la entrada es gratuita aunque personalmente no os recomendamos esta opción por dos motivos: primero, la cola que se forma es larguísima y tienes que estar ahí prácticamente una hora antes y segundo, con las 2 horas que te quedan hasta el cierre no tienes tiempo material de nada. Y recordad: está totalmente prohibido hacer fotos.



Templo de Debod: de aprox.2200 años de antigüedad, fue un obsequio de Egipto a España en 1968 por su ayuda en la preservación de otros templos del citado país.
Actualmente es punto de encuentro habitual para ver la puesta de sol, aunque ello hace que se masifique bastante lo que unido a que su estado de conservación y mantenimiento no son los mejores, pues os podéis encontrar con alguna desagradable sorpresa.



Mercado de San Miguel: de sobras conocido y recientemente reformado, este antiguo mercado se ha convertido en un centro de tapeo y de delicatessen nada barato, por otra parte. Para darse un pequeño capricho y admirar su espléndida arquitectura.

Plaza Real: muy cerca del mercado podemos visitar la no menos conocida Plaza Real, con su incontable oferta de bares y restaurantes donde degustar un buen bocadillo de calamares, tan típico de la capital. No dejéis de admirar la arquitectura de las viviendas que circundan la plaza ya que son las que realzan, nunca mejor dicho, este enclave.




Curiosity Shop: un apunte a título completamente particular. En las callejuelas entre el mercado y la plaza encontramos por casualidad esta pequeña tienda. Si sois aficionados a las "chuminadas", las antigüedades, juguetes de época y todo lo que os podáis imaginar, no paséis de largo y entrad...si podéis, ya que la tienda es realmente pequeña. Vale la pena dedicarle un buen ratito. ¡Nos vemos pronto!

08/09/2014

Faunia ¡menuda animalada!

Ya que por culpa de una boda......estooo digo, que gracias a que teníamos que comprar billetes de AVE para asistir a una boda en Madrid el viernes por la tarde, buscamos con mi pareja algún plan interesante y divertido para pasar el resto del fin de semana, en especial para que no se aburrieran nuestros dos peques. Y hay que reconocerle todo el mérito a ella al proponer la idea de visitar Faunia.



Y eso que yo me había quedado un poco a la expectativa al explicarme ella que era un zoo pero.....no un zoo al uso ya que se podía ver gran variedad de animales, muchos de los cuales incluso sueltos y que se podían tocar y darles de comer, pero que en todo el recinto no veríamos ni leones, ni elefantes, ni gorilas ni nada parecido. ¡Ni un "triste" chimpancé que llevarse a la boca! Todo lo que veríamos serían animales digamos que de tamaño medio y pequeño.






Con estas expectativas hacia allá que nos fuimos el sábado a media mañana, con buena temperatura pero sin llegar a hacer un calor insoportable, lo cual en una visita así se agradece muy mucho.
Como ya habíamos adquirido previamente las entradas en la web del parque (www.faunia.com) a un asequible precio de 16,90€ cada uno, pudimos saltarnos una pequeña cola en las taquillas y acceder directamente a los tornos.
Un detalle a destacar es que ese precio se consigue con una tarifa especial llamada Flexi por compra anticipada 7 días antes de la visita y que sirve para ese día o cualquiera de los 7 siguientes, cumpliendo las condiciones de la oferta y que los niños pagan tarifa reducida HASTA LOS 8 AÑOS (ejem ejeemm no se si me explico.....)
Una vez dentro de las instalaciones, la mejor forma de recorrer todo es seguir los indicadores de "itinerario recomendado" y unas flechas rojas pintadas en el suelo a tal fin. Con eso solo tendremos que desviarnos ligeramente para entrar en algún hábitat o ir a los bares allí ubicados pero enseguida podremos recuperar la ruta ideal.





La verdad es que destacar una zona sobre otra se nos hace harto difícil ya que todas están realmente cuidadas en su ambientación, limpias y con carteles explicativos. Quizás por lo curiosa que resulta la de los animales nocturnos, donde nos divertimos intentando encontrar a cada animal en cuestión; por su recreación fidedigna, la de los pingüinos y animales similares, muy cerca de la cual pudimos contemplar un león marino hembra a punto de parir.



Otra zona realmente espectacular es la del Amazonas, con sus papagayos, varias especies de aves poco vistas y sobre todo un apartado, cerrado del resto y accesible solo en pequeños grupos, en el cual pasamos a cohabitar directamente con un montón de monos titi, auténticos funambulistas en sus lianas de aquí para allá sin parar, atentos a cualquier cosa que les llamase la atención y podernos sisar al menor descuido, aunque la guía ya nos había prevenido de ello antes de entrar.



Aunque dicho así todo parecería perfecto, hubo algunos detalles bastante criticables. Dejando de lado la nefasta relación calidad-precio de los restaurantes del parque (está permitido entrar comida del exterior), el día que estuvimos debió coincidir con alguna convención de avispas ya que tuvimos que comer de pie y huyendo literalmente de la zona de mesas porque nos devoraban. Entendemos que es algo difícil de controlar pero vimos fácilmente varios avisperos en árboles cercanos que el servicio de mantenimiento podría exterminar sin excesivos problemas.
Otro detalle, más que negativo fue de falta de tacto con los clientes, sucedió en el parking. Llegamos a la barrera de salida y un operario nos indica que hay que pagar antes, en las mismas taquillas de la entrada. Hasta ahí bien; damos la vuelta, abonamos los casi 5€ del estacionamiento y cual fue nuestra sorpresa que al llegar de nuevo a las barreras.......!éstas ya estaban levantadas! Suspenso a la que nos cobró el parking sabiendo que a esa hora se daba vía libre y suspenso al de la barrera por no decirnos que no hacía falta retroceder, que las levantaba en segundos. Aviso para demás usuarios: ésto sucedió a las 18:30, al menos en horario de verano.

Salvando esos detalles, Faunia es una escapada muy recomendable para los que viven cerca de Madrid o como nos sucedió a nosotros, aprovechando cualquier viaje a la capital.


26/05/2014

Aranjuez, la España más señorial

Creo que nunca dejaré de decir lo mismo: ¡cuanta riqueza histórica y patrimonio cultural tenemos en España! ¡Y que relativamente poco lo apreciamos! Y Aranjuez, dentro de lo que cabe, no se puede quejar de ser una ciudad de las más desconocidas, al contrario. Aun así, es de aquellos viajes que, al menos yo, vas dejando dejando pensando "si está aquí al lado" y dedicamos esfuerzo, tiempo y dinero en visitar otros lugares y países.


Pero eso se terminó este pasado fin de semana, que decidimos empaparnos de la historia que desprende la ciudad. Después de sopesar varias opciones de alojamiento según los comentarios de otros viajeros en Tripadvisor, reservamos una habitación en el Hostal Castilla (www.hostalcastillaaranjuez.com) a través de Booking. Había comentarios de todo tipo, ni muy buenos ni tampoco muy malos, aunque lo que nos hizo decidir por éste en concreto fue su privilegiada situación, a tiro de piedra de los edificios históricos, y un curioso patio interior que prometía mucho.


Cuando llegamos el sábado a media mañana al hostal, una vez "checkinados" (recordad lo que me mola la palabrita...) y mientras nos subían la maleta a la habitación, salimos a la calle mapa en mano para situarnos un poco, localizar restaurantes, etc...y desayunar. Vuelta al hotel y en un plis ya estábamos listos para empezar nuestro tour.
Solo necesitamos caminar unos 500 mts.calle abajo para encontarnos el primer edificio digno de contemplar, la Iglesia de San Antonio, que preside el inicio de una inmensa plaza rectangular porchada y que llega hasta delante del Palacio Real.


En uno de los laterales encontraremos la Oficina de Turismo, por si alguien la necesita.


Al final de dicha plaza llegamos al puente que cruza el Tajo, lleno de patos a esa altura.


De ahí nos dirigimos hacia la izquierda para enterarnos de los horarios de las visitas guiadas, tanto del Palacio como de la Casa del Labrador. ¡Muy importante! La entrada a ésta última se compra en el Palacio; no os pegueis una caminata brutal y al llegar allí os encontreis que no os dejan entrar. La entrada con guía a los dos edificios, que da opción también a visitar el Museo de Falúas Reales, cuesta 15€; es un poco cara en sí misma, pero si tenemos en cuenta que sirve para tres lugares pues el precio queda un poco relativizado.
Poco después de comprarlas, tiempo de un vermouth, teníamos la visita al Palacio Real de Aranjuez, edificio magnífico construido por orden de Felipe II y proyectado por el arquitecto Juan Bta.de Toledo, rematado después de su muerte por su alumno Juan de Herrera. La construcción nos traslada a los fastos de aquella época y porque no decirlo, también a sus excesos imaginándonos cual Fernando VI o Carlos III, los cuales ordenaron las sucesivas ampliaciones del palacio, subiendo por la escalinata principal que preside la entrada.


El único pero de todo ésto es que está totalmente prohibido tomar fotos en el interior, cosa que se repetirá en las demás visitas, con lo cual poco os podemos trasladar de la belleza de este emblemático edificio y de salas como la árabe, destinada a fumadero, la japonesa, toda revestida de porcelanas o la habitación de la Reina, con un mobiliario espectacular y destacando la cama con dosel de 2x1,60mts, un mueble para coser o un reclinatorio.
Solo podemos recomendar el verlos en persona ya que no decepcionará a nadie.
De vuelta al exterior después de una hora aprox.de recorrido, nos dirigimos justo al lado del palacio para perdernos en los múltiples jardines que allí encontraremos, de los que destacan la gran cantidad de fuentes que guardan en su interior.


Como ya se nos había hecho realmente tarde, fuimos a comer a un restaurante situado justo delante de una de las alas laterales del Palacio, concretamente el Rincón de Godoy. Quizá fue porque les pillamos con tres comuniones ese día y sólo había un camarero para atender todas las mesas de la terraza, el servicio dejó bastante que desear, así como la comida en sí.
Una vez repuestos del trajín de la mañana y sin perder tiempo, nos dirigimos hacia los Jardines del Príncipe, un auténtico gozo para los sentidos el poder pasear entre la gran diversidad de árboles repartidos en sus 150 hectáreas, visitables sólo la mitad. Cipreses, fresnos, robles, magnolios...y un sinfín de variedades más, incluído algún pato despistado : )


Después de un ratito de caminar siguiendo los carteles indicativos, nos detuvimos en el Museo de Falúas Reales, embarcaciones que la nobleza destinaba a sus paseos por el río y que, una vez restauradas, podemos visitar, de nuevo sin posibilidad de hacer fotos. Ejem ejem...


Aviso para navegantes, caminantes en este caso: si os deteneis en el Museo, calculad la hora de entrada a la Casa del Labrador si es vuestra ruta prevista ya que a pie podeis tardar fácilmente unos 40/45 minutos.
Después de una señora caminata, llegamos al palacete neoclásico citado, que por lo que pudimos contemplar, debe poseer una de las mejores colecciones de artes decorativas de los S.XVIII-XIX, gran parte de ella realizada por Mariano Salvador Maella.



Después de ponernos en la entrada unos patucos de esos de quirófano para proteger los valiosos suelos de mármol del roce, el guía, persona experta él, nos empezó a narrar un poco la historia del lugar. Quizá sea una leyenda pero se cuenta que en esa época el Rey Carlos IV cazaba mucho por esa zona y que en ese enclave concreto había la casa de un agricultor. El Rey ordenó la construcción del edificio justo encima de la citada casa, quedando ésta dentro del palacio. Pero lo cierto es que es una afirmación poco documentada, según nos contaron.


Como seguíamos con la prohibición de tirar foto alguna, sólo podemos relatar algunas de las magníficas estancias que visitamos, como la Galería de las Estatuas, el Salón del Rey (o Sala de Billar) y por supuesto, el Salón de Baile, en que destacan dos piezas magníficas: una mesa y una silla de malaquita, obsequio del zar Alejandro II a la Reina Isabel II.
Algo que nos llamó la atención fue que en todo el edificio no se adaptó ninguna sala como habitaciones propiamente dichas, clara muestra de que se trataba de un palacete de uso solamente diurno.
Después de la magnífica visita, de unos 40 minutos de duración aprox.tocaba regresar al hotel, una duchita y salir a cenar. Un consejo: si no quereis caminar tanto por los jardines, hay un trenecito que los recorre y efectúa dos paradas justo en los lugares que hemos citado: el Museo de Falúas y la Casa del Labrador. Podéis bajaros en un sitio, hacer la visita y esperar al siguiente para seguir con el recorrido.
Muy cerca de nuestro hotel mi pareja, sibarita que es ella, ya había echado el ojo a un restaurante en el que estaba segura se comía excelentemente. Total, que nos fuimos directos a Casa José (www.casajose.es) y no nos equivocamos. Ojo! no busqueis un menú barato, ni tan sólo una carta barata; se trata de cocina que busca la excelencia basándose sobre todo en productos de proximidad y como ingrediente estrella la verdura totalmente ecológica, otorgándole grado de actor principal en los platos y no de mero acompañamiento.


Un ejemplo que puede ser interesante: el menú degustación cuesta 75€ pero el mismo maître ya te recomienda que vayas con hambre y con tiempo, ya que se tarda unas tres horas en completarlo.
Un restaurante caro pero en el que vuelan los sentidos.